10/07/09

Una cama tobogán y una gata loca

Tengo la intención de comenzar. Pero Dolina tiene la voz aguda en esta cochambrosa radio años 60 con un diseño Space Age que simula un casco de astronauta, y una gata loca tras una lesión cerebral se cae de la silla haciendo tambalear el propio sentido de su existencia. El propósito es claro: escribir algo. Lo importante es arrancar, luego los cerebros de los dedos se encargarán de seguir adelante. Lo de “cerebros de los dedos” lo dice Stephen King en Mientras escribo, no yo.

Sin embargo mi entorno se me impone. Estoy viviendo temporalmente en lo de unos adorables viejitos a los que en mala hora les ofrecí cuidarles la casa cuando se iban de viaje. Tienen una gata lesionada que tras la arremetida de un perro vecino perdió el sentido del equilibrio y no es capaz de saltar del sofá al suelo sin caer en una tristísima voltereta. Se tropieza con sus propias patas al bajar las escaleras y calcula mal cuando sube a la mesa: emprende un glorioso salto y se golpea el marote directo contra la lámpara. Maúlla, se lame y sigue dando tumbos por toda la casa como un payaso ciego y mareado.

Es inútil. Desde hace varios días mi cerebro no se está irrigando bien y eso me impide cumplir mi objetivo. La señora de la casa tiene un problema gástrico por el cual la doctora le recomendó que durmiera con la cabeza 20 cm por encima de los pies, de modo que encargó al carpintero que levantara la cabecera con un par de tacos de madera, y ahí tenemos: una cama tobogán, con una pendiente de 45º. No sé cómo viven esta situación los dueños de casa, pero yo me voy resbalando a lo largo de la noche hasta que termino acurrucada en el punto más bajo de la diagonal. Así es la gravedad, qué se va a hacer. Por algo solemos dormir en posición horizontal.

Cuando tanta incomodidad por fin me despabila, descubro que estoy prácticamente sentada en el borde de la cama. Las frazadas también se van deslizando. Total que si no me despierto para desovillarlas de mis pies y subirlas hasta mi pecho, despierto para trepar hasta donde quedaron las almohadas. La cuestión es que la lógica conjunción entre almohadas, sábanas y uno mismo está desvirtuada: cada cosa anda por su lado.

Remate: todos los días, a las 6 de la mañana, el diariero toca el timbre con tanta insistencia que parece que se le va la vida en vender el periódico. Tengo instrucciones de recibirlo para que no “sospeche” que no hay gente en casa. También recibí la orden de no detener el péndulo del enorme reloj antiguo que impregna toda la casa con un atronador tac tac tac y que da la hora con unos bong bong bong que me hacen temer un ataque aéreo.

Entretanto, la pobre gata, a la que la lesión no le afectó solamente el equilibrio, pelea denodadamente con insectos imaginarios. Me inquieta. Carece de todo sentido de felinidad, ha perdido la cualidad que la define, como una Miss Universo fea o un intelectual estúpido. No puedo parar de espiarla. He abandonado la televisión y las lecturas para volverme una observadora full time del fenómeno que tengo ante mí.

Y todavía pretenden que escriba algo. Estimados: llevo dos semanas durmiendo en un tobogán, con una radio astronauta, una gata mutante, un inflexible diariero, una enorme tarántula embalsamada –de la que no hablé, pero me mira fijamente- y un puntual, sistemático y omnipresente bombardeo. Muchos saludos.

16 comentarios:

Odiseo en Puebla dijo...

Sé lo que se siente. Esa falta de descanso hace que uno se sienta como en una película de zombies. Mira lo divertido: eres una de las pocas que duerme en un aparato lúdico popular entre los niños, la gata es sui géneris y nosotros te apreciamos sin importar si escribes o no. Te envío un abrazo.

Aimed dijo...

siiii!!! Diras que estoy mal, pero no puedo contener la risa por tu sufrimiento.

Espero que en una chancita de tu ocupacion de cuidar los movimientos de la gata, revises si la tarantula en verdad esta embalsamada o.. .. no quiero imaginar.

Diariero. ja.. de verdad es una palabra?? O la inventaste de niña.. Mi sobrino cuando era chiquito cambió el nombre de la act de los taxistas y les llamo taxeros...

En fin,, saludos tambien para ti ... es realmente tierno de tu parte esforzarte tanto por escribir algo mientras estas en ese mundo de Alfred Hitchcock...

alf dijo...

¿Su propósito implícito es que nos volvamos sádicos al sonreir sobre las tragedias?, ¿el explícito es demostrar como la cotidianidad (acaso un poco bizarra) puede ser motivo para escribir con ingenio y soltura?
No soy más que un fan, pero atrevido que es uno, tiene 10 en ambos.

alf dijo...

FE DE ERRATAS: donde dice "...como la cotidianidad...", léase "...cómo la cotidianidad..."
(a propósito de su escrito anterior)

JLMejuto dijo...

Admiro a quien practica el dejarse llevar por "Los cerebros de los dedos"
A través de un proceso parecido, Serrat escribió una magnífica camción: "No hago otra cosa que pensar en ti..."

kokepato dijo...

Cambio vida común y corriente por dos semanas en el paraíso creado por dos ancianos ansiosos...

kokepato

La Tilde Perdida dijo...

¿Cómo acabaste en esa situación surrealista?

Perdón, no pude evitarlo, me dio más pena la gatita lisiada.

Un saludo.

Elena Jiménez dijo...

jajaja, Leila, me gusta cuando empiezan a hacerte comentarios acerca de tu blog. Empiezan a fluir las ideas locas, jaja. He cuidado, también, una propiedad con una Palapa que aunque desastrosa fui feliz en ella, podía admirar la luna sentada en un comodo diván, no la luna sino yo. Mientras por las mañanas volaban por encima de mi aves de todos colores. Toda especie de bichos rondaban el lugar. Fui observadora y parte de ese lugar abichada también. Y desde allí miraba el Mar de Cortéz y el Oceano Pacífico. El dueño tiene un perico llamado Turkey bird. Imitaba mi risa cada vez que reía. Así que sé cómo te sientes eso de cambiar vida común y corriente, como dice Kokepato por un paraíso creado por ancianos de repente no está tan mal.

AIC dijo...

ja, ja, me hacés llorar de la risa... lamento que sea por tus penas!

Liseita dijo...

Pobre Leila!!! Sólo me queda contarte de un ejemplar felino menos extraño, pero quizás más difícil como compañía: una gata de 18 años sorda... a la que uno no podía acercarse demasiado rápidamente porque podía, literalmente, morirse del susto. Imagina qué problema para la cotidianidad del resto de los habitantes de la casa, visitantes y afines. Cariños!

Anny dijo...

Aun en este ambiente surrealista, como si fuera un cuadro animado de Dalí, tu creatividad y humor destaca!
Me rei (lo siento mucho)cuando describes la cama tobogán. Ahh! y gracias por no describir a la tarantula momificada...!
Saludos y que puedas reponerte pronto de tu aventura surrealista en un plano horizontal.

George dijo...

ah, manya... y yo que me quejaba por uqe mi mesa está desordenada...

Grupo Punto·Cachi dijo...

"Entretanto, la pobre gata, a la que la lesión no le afectó solamente el equilibrio, pelea denodadamente con insectos imaginarios. Me inquieta. Carece de todo sentido de felinidad, ha perdido la cualidad que la define, como una Miss Universo fea o un intelectual estúpido. No puedo parar de espiarla. He abandonado la televisión y las lecturas para volverme una observadora full time del fenómeno que tengo ante mí."
Sublime Leila. "Me inquieta". "No puedo parar de espiarla". Se arma el dibujito. Sentada vos, en medio de tus papeles, detenida. Y la mirada, imitando al péndulo, solo que a diferencia de este no persigue al tiempo, sino al anudado, retorcido felino. Buen provecho le has sacado a tu extraña estadía. Como me gusta tu palabra Leila.

Gitane dijo...

jajjajaa
Pero ¿dónde te estás quedando??

Gitane dijo...
El autor ha eliminado esta entrada.
Daniela dijo...

No hay nada como el hogar :) jajaj