Los que superamos la treintena podemos recordar las primeras veces que vimos hacer esta mímica, hace casi 20 años. Me refiero a la primordial, la originaria, la de las comillas; al gesto madre. Es fácil: haga el signo de la victoria con ambas manos y suba y baje dos veces el índice y el dedo medio, el cual, por cierto, incomprensiblemente es el único que no ha merecido un nombre a pesar de ser el más expresivo. Los niños y adolescentes ya nacieron con este gesto, ellos no saben cómo hacíamos en los años 80 para indicar una ironía. Ah, éramos más perspicaces, entonces. Ahora miro a mi alrededor y me doy cuenta de que los veinteañeros que me rodean jamás vivieron en un mundo en el que el sarcasmo debía interpretarse sin ninguna pista visual. Es aterrador.
El advenimiento de las comillas gestuales en nuestras vidas es uno de esos acontecimientos en los que uno presiente que está viviendo algo muy significativo. Como la llegada del hombre a la Luna, el derrumbamiento del muro de Berlín, los atentados del 11 de septiembre, la muerte de Michael Jackson. Todo el mundo se acuerda de qué estaba haciendo ese día. Yo recuerdo que las comillas gestuales llegaron a principios de los 90, aunque no se sabe quién las acuñó. Aparecieron un día en un programa de televisión, luego en un discurso político, después algún amigo las adoptó y de golpe nos habían invadido a todos. En menos de cinco años, ya no quedaba nada por entrecomillar.
La moda, obviamente, vino de Estados Unidos. Por eso al principio gestualizar las comillas era algo snob, así uno se hacía la ilusión de que hablaba inglés. Para otros era una señal de transculturización, de la indetenible infiltración del imperio yanqui en nuestras ingenuas almas latinoamericanas unidas contra la perversión de las naciones imperialistas. Hoy en día todavía hay quien hace campaña contra el gesto, aunque con fracasada militancia, debo decir. Porque cuando vi que Homero Simpson adoptaba las comillas gestuales a mediados de los 90, me di cuenta –con el ánimo revuelto de quien vive un terremoto– de que nuestra sociedad se había transformado para siempre. Ahora la lectura entrelíneas sería responsabilidad del emisor, que debe dibujar un signo en el aire para advertir sobre la inminente aparición de una ironía en el diálogo, y no del receptor. Éstos son cambios culturales. Qué Luna, qué Perestroika, qué Irak ni qué Thriller ni qué nada.
3/07/09
La ironía y las comillas gestuales
26/06/09
El instinto de la prostitución
¿Por qué las mujeres siguen imaginando que casarse y tener hijos es el objetivo primario de sus vidas? ¿Qué les pasa? ¿Qué parte no han comprendido del último siglo? ¿Por qué esa perpetua letanía sobre los hombres y su supuesta ausencia? No hay hombres, no hay hombres, no hay hombres. Como si los hombres fueran un tubérculo misteriosamente descontinuado en el supermercado. Los que valen la pena están casados o son gays y los divorciados por algo lo serán. Eso dicen. Que no hay hombres. Con humor, tristeza, frustración y a veces con entusiasmo, como si el vínculo creado por sufrir de esa misma orfandad de machos las uniera desde un lugar muy profundo. No hay hombres. Lo repiten con el desánimo de un terrícola que tras varias décadas viajando en el espacio no ha hallado vida en ninguna parte. Necesitan hombres para poder casarse y tener hijos, ese es su problema: una mala jerarquización de las prioridades. Porque lógicamente es válido, hermoso y deseable tener familia, pero cuando ocurre como resultado del amor, no si es la meta demostrativa para la cual estas voraces caza-maridos buscan un padrote bien acomodado. El amor, para ellas, nunca es un fin en sí mismo, sino un medio para llegar al matrimonio y un vehículo para procrear. Un impulso primitivo –o el fulano reloj biológico– las compele a demostrar alguna cosa cumpliendo esos dos ritos. Sex & the City, por ejemplo. Es genial, pero igual: no hace sino transformar la misma retahíla de anhelos casamenteros en algo cool. Tengo 37 años, ahora estoy sin pareja y no tuve hijos. Esas tres frases dichas así, seguidas, ponen los pelos de punta a mis compañeras de género. Como si les dijera: “Tengo cáncer, me echaron del trabajo, mi familia acaba de morir en un accidente aéreo”. Me miran con una lástima colosal, concentrando toda la empatía del mundo en una piadosa expresión que parece decirme: “Ya vendrá, no pierdas la fe”. Así, con esa gratuita compasión, me adjudican la única desgracia universal femenina que suponen que una es capaz de padecer. ¿Por qué después de haber quemado corpiños en las hogueras feministas de los años 60, tantas mujeres aún siguen demandando lo mismo que esperaban hace cien, doscientos, quinientos años atrás? Un hombre rico que les solucione la vida. ¿Cómo es que aún son incapaces de desoír el instinto de la prostitución?
19/06/09
Los mezquinos
Fui a cenar con un grupo de gente. Apenas llegó la cuenta, apareció –como siempre– el líder natural que asume el rol de recaudador. Cuando estos personajes se ofrecen a hacer la división, están movidos por un altruismo que los lleva a procesar dificilísimos cálculos por el bien de todos, o por la necesidad de facilitarle las cosas a la manga de borrachos que les alargan billetes arrugados, o, a veces, por el deseo de no pagar un peso de más.
Esa vez, si bien todos pusimos lo que habíamos consumido más un 10% extra por el servicio, el recaudador se embolsilló la propina a hurtadillas de los demás y dejó al mozo sin un peso. En otras palabras nuestro personaje, quien además gana muy bien, nos había robado.
Otro día vino a visitarme una presunta amiga. Como era mediodía, recalenté una lasagna de la noche anterior y le pedí que se quedara a comer:
–¡Pero no, si esa es tu comida privada!–, fue su reacción.
Raro concepto que entendí cuando, días después, fui a su casa y debí comprar pizza y fainá, a pesar de toda la “comida privada” que descubrí luego en su heladera.
Según la Academia, la mezquindad es la cualidad de quien “escatima excesivamente en el gasto”. Pero como todos somos mezquinos a veces, agregaría que para definir a alguien como tal, su mezquindad debe ser un ejercicio sistemático y vehemente, casi impulsivo, diría maniático.
Son los que llegan a una reunión sin nada en las manos, diciendo “después arreglamos” con una verosímil espontaneidad que al final no se concreta. Los que, cuando hacen reuniones en su casa, esperan a que lleguen los invitados para hacer las compras, a fin de que nadie recurra a su mismo truco. Los que aceptan una invitación sólo por tomar gratis, aunque desprecien al anfitrión. Y los que siempre van al baño (¡justo!) cuando llega la cuenta. También están los que obran abiertamente, complacidos por su propia –supuesta– generosidad. Como aquel amigo francés que llegó a casa con una orquídea bellísima, diciendo entusiasmado: “¡Mirá qué belleza! Te la traje para que la vieras”, y luego de que vi y olí la flor, se la llevó de nuevo a su casa. O aquella que, al irse de una fiesta, se llevó las sobras de la torta con la que había colaborado.
Hay algo en todos ellos que inspira cierta ternura: su ingenua certeza de que nadie percibe sus triquiñuelas, como la del niño que, con las manos llenas de pintura, afirma no haber manchado una pared a todas luces arruinada.
12/06/09
Internet es un cuero seco (remix)
“Venezuela es como un cuero seco: si la pisas por un lado, se te levanta por el otro”, decía Antonio Guzmán Blanco, presidente durante buena parte del siglo XIX, refiriéndose a las persistentes revueltas que debía sofocar. Los venezolanos crecimos recitando esa frase: a través de ella nos inocularon una especie de orgullo (ridículo, como cualquier orgullo) sobre nuestro supuesto, mítico espíritu rebelde. No somos fáciles de doblegar, era el mensaje. Si nos intentaban pisotear por un lado, nos filtrábamos desde los resquicios para alzarnos de nuevo, por el otro.
Pero no voy a hablar de Venezuela, sino de las propiedades del cuero.
Primero (primero sólo porque por algún lado hay que empezar) vino la prohibición de Irán de usar Facebook. En su campaña por la reelección, el enano siniestro de Ahmadinejad necesitó controlar ese reducto light de libertad de expresión. Días después tuvieron que autorizar Facebook de nuevo, si total comenzaron a circular datos sobre cómo acceder a la página de maneras tangenciales, así que la prohibición no sólo era impopular sino inútil.
Días después, clérigos musulmanes en Indonesia prohibieron usar Facebook porque consideraron que incita al chisme. Claro. El chismoso dejará de serlo si cierra su cuenta de Facebook, porque, como todos sabemos, en los últimos 5.000 años previos a la Era Facebook el chisme no existía. Hasta el caso Berlusconi tiene algo que ver. Como “Il Cavaliere” es dueño de los medios en Italia, nadie en la península publicaba unas fotos calientes que Antonello Zappadu vendió después a El País de España. En segundos el resto del mundo, incluida Italia, vio a unas jovencitas desnudas pasándola bomba en la residencia de verano del primer ministro.
Y por último (por último sólo en mi lista), cuando se cumplía el 20º aniversario de los disturbios en la plaza Tiananmen, el gobierno chino censuró internet en general: ese día, nadie pudo entrar a Hotmail, a Bing (el nuevo Google de Microsoft), a Twitter; además de que en los canales de cable las pantallas se ponían negras cuando CNN o BBC informaban algo sobre aquella revuelta juvenil. Una medida tan inservible como las de Italia e Irán, porque quien quería informarse lo podía hacer de cualquier modo, desde cualquier otra plataforma.
Últimamente escucho desde todas partes el estribillo de Guzmán Blanco, remixado, donde internet se estremece como un cuero seco que, si se pisa por un lado, se levanta por el otro. Es imposible controlarlo. Prohíben Facebook, se entera todo el mundo. Impiden entrar a Hotmail: ningún problema, revisamos Gmail. No podemos ver una noticia en CNN. Vale, la vemos en YouTube. Los historiadores del futuro recitarán como un mantra que gracias a internet las dictaduras se volvieron anacrónicas. Estos esfuerzos por controlar la información en un mundo donde la información es incontenible dan casi lástima. Los extemporáneos tiranos no tienen la opción de desconectar a todo un país del resto del mundo, excepto casos aislados como Corea del Norte, así que deben soportar la idea –chillando, vociferando como posesos exorcizados– de que están jugando en el campo contrario, en un área donde los blogueros consiguen opinar aún sin acceder a sus propios blogs (Cuba) y las fotos de episodios de represión circulan a través de los celulares (Birmania). Como el azúcar en un vaso de agua, que cuando es excesiva no se disuelve, la opinión se ha convertido en un elemento que subsiste, insoluble, en el fondo del vaso. Y que no se va con nada, por muchos pisotones que reciba el cuero seco de Guzmán Blanco.
5/06/09
La mafia en guerra contra un escritor
Por fin llegó "Gomorra" a Uruguay, la película de Matteo Garrone sobre la Camorra italiana, en base al libro del mismo título de Roberto Saviano. Densa, dura, sin ningún costumbrismo ni una pizca de humor. Rara vez un filme sobre la mafia no deifica el crimen. Copio aquí abajo un texto que publiqué en diciembre del año pasado en mi ex blog de Observa, sobre el escritor italiano.
Fuera de Italia no se conoce demasiado el drama de este escritor de 29 años sobre el que pende una amenaza de muerte. La Camorra (la mafia napolitana) ha asegurado que Roberto Saviano no cumpliría los 30. Piensan matarlo, según confesó un mafioso “arrepentido” a la policía a mediados de octubre de 2008. Coincidiendo con esta revelación –que no sorprendió a nadie–, Saviano dijo que abandonaría el país por un tiempo, cosa a la que antes se negaba porque su huida significa un triunfo para el crimen organizado. ¿Pero qué va a hacer un joven artista contra el motor económico de Italia? La mafia, sumando sus cuatro grandes clanes, cerró el año con ingresos de 130.000 millones de euros, lo que representa el 6% del PBI italiano.
El crimen de Saviano fue escribir un libro, Gomorra, en el que denuncia los negocios y la estructura de la mafia napolitana, en particular del poderoso clan de los Casalesi, que domina el mercado textil italiano, el de la basura, los videojuegos, el inmobiliario y por supuesto el de la droga y la usura. Todo. Desde los millones de productos chinos que entran al puerto napolitano sin ningún control aduanero hasta la confección de ropa para grandes marcas, todo pasa por el clan. Angelina Jolie lleva en una gala del Oscar un vestido confeccionado por un sastre anónimo, que trabaja en negro y al que la Camorra le paga una miseria. Ella no lo sabe, el sastre tampoco.
Tras este libro airado, extraño, incluso denso, que mezcla la novela con el reportaje confundiendo al lector por su contenido a veces poético y a veces periodístico (aunque siempre con fuentes fidedignas), Saviano ha sufrido de la misma desproporción palabra-amenaza que vivió Salman Rushdie con sus “Versos Satánicos”. La fatua o edicto religioso del fundamentalismo islámico contra Rushdie ocupó los titulares de los diarios en los años 80, sin embargo Saviano, curiosamente, no da tanto de qué hablar. Tal vez una condena a muerte mafiosa no genera el mismo interés que la fatua islámica: la segunda parece más primitiva. Pero no lo es. En un país europeo, en el occidente desarrollado, un escritor inerme e indefenso tiene un cañón en la sien y eso no debe ser normal. Tampoco que viva rodeado de escoltas. Durmiendo en cuarteles policiales, porque nadie le alquila un apartamento o un cuarto de hotel. Sin amigos, porque temen represalias. Un intelectual fugitivo como un criminal, oculto como un leproso y aterrado como un niño.
Dice que no se arrepiente de haber escrito Gomorra, pero que no volvería a hacerlo o que lo haría de otra manera. Se siente prisionero de su propio libro y todas las mañanas se pregunta si ha valido la pena. Y no sabe la respuesta. “Quiero enamorarme, beber una cerveza en público, ir a una librería y elegir un libro”, dijo hace poco en una entrevista a La Repubblica. “Quiero enamorarme”, pide el hombre más solo y más admirado de Italia.
29/05/09
Regalo para voyeurs
Hace un par de semanas mi amigo Jaime Senra, venezolano, sociólogo y escritor a tiempo completo, escribió en su blog Crónicas de Nueva Zelanda un post demasiado divertido como para no hacerlo circular en toda la blogosfera. Les pido que lo lean antes de seguir con la lectura de éste, porque yo aquí me subo al tren de Jaime para postear una continuación. Su texto se titula "Dietas" y es imperdible.
Cuenta Jaime que desde que comenzó a escribir el blog cayó en la adicción de revisar cada cinco minutos sus estadísticas, controlar cómo aumentan, quién lo visita, desde qué países, cuánto tiempo. A todos los blogueros nos debe pasar lo mismo. Y a él, como a mí, le fascinó una función de Statcounter, el contador que usamos, que muestra las palabras-clave o frases que la gente escribió en los buscadores para llegar hasta el blog, a través de asociaciones muy extrañas y muchas veces incomprensible.
Desde hace varios meses a mí también me entretienen más esas palabras clave que las estadísticas en sí. Muchos hacen preguntas a Google como si fuera un oráculo, como si se estuvieran haciendo leer la borra de café. Así que desde que leí el post de Jaime comencé a seleccionar las mejores búsquedas del día. Sin comentarios ni edición, aquí van mis preferidas desde el 15 de mayo hasta hoy. Y no me pregunten cómo fue que alguien escribió “boba” en Google y aterrizó en mi blog:
1. necesitamos que los hombres nos eleven la autoestima
2. qué tan bueno es escribir en un blog?
3. como escribir mi autoestima
4. fotos de sexo bajo hipnosis
5. cual es el mejor piropo que le podrias dar a una mujer
6. casadas en accion
7. qué es escribir
8. infidelidad sentido culpa
9. parejas sin dialogo
10. mujeres con escotes
11. como sacar el signo de pesos con el teclado de la computadora
12. segun la marea en costa rica, que numero debo jugar hoy
viernes 15 de mayo 2009
13. me encanta que me miren las tetas
14. pertenezco a una raza que se extingue
15. yo soy un matematico
16. que significa la palabra juzgado de familia
17. algo bonito para escribir en el facebook
18. dialogo con mi pareja pero el no entiende
19. mi pareja se buscó a otra, será porq soy bipolar
20. me duermo para escapar de la realidad
21. palabras en español para nombrar las relaciones sexuales
22. cómo vengarme de mi exjefe
23. mjeres con bellos pechos
24. me duermo para escapar de la realidad
25. necesito dormir 10 horas estar bien
26. quiero escribir una novela por celular como se hace
27. fotos graciosas machistas con mujeres desnudas
28. tengo problemas de razonamiento lógico para escribir
29. infidelidad que sienten ellos despues de ser infieles y siempre con la misma persona
30. como escribir gracias por un regalo
31. venganzas para mi ex
32. como escribir un mensaje de amor con signos en un celular
33. escotes de 14 años
34. como saver kien te observa el facebook
35. cual es la forma mas correcta de escribir ejemplos de palabras de despedida en un mail a un presidente
36. como agarrar a una casada
37. despues 4 semanas me crecen los bellos y me ardes es normal
38. palabras de despedida a un amigo que se va a otro pais
39. como no ser deprimido
40. tengo un amor de años y no se dividir por 1 cifra me lo explican? paso a paso
41. ¿quién no se alegra de ver que al despertar en el reloj quedan un par de horas más antes de madrugar?
42. Es tiempo de reir, es tiempo de llorar de todo detener y a un amigo recordar y sacar de la memoria
43. quiero poner en mi escritura un entre parentesis y no se el codigo para escribirlo me ayudan?
44. jubilados quien quiere escribirme?
45. crucigramas para bebes
46. la mujer en el ejercito no vale para nada
47. como calcular mi discapacidad
48. mensajes de corazon y de autoestima para una amiga en powertpoint
49. es cierto que dos mas dos es 4?
50. ¿porqué?, ¿para qué?, y ¿qué?
51. cuanto es 5 mas dos
52. cuantos cuadritos tiene el juego batalla naval
53. escotes de chicas en polo en la parte de los pechos
54. ¿sabés el significado de la palabra atavismo?
55. quiero vengarme de alguien en la oficina
56. casadas en la ducha
57. test de hipnosis para jovenes
58. boba
59. dos mas dos cuanto es?
60. soy burro no se matematica
61. casadas en la ducha
62. como ser bueno para los numero y matematicas y que no se me olviden las cosas
63. casadas peludas
64. como calcular mi discapacidad
22/05/09
Las promesas condicionadas
Como todo el mundo sabe, el derecho italiano se deriva del derecho romano y de los códigos de Justiniano, y ambos influyeron en la mayoría de las reglas jurídicas occidentales. Pues bien, una de sus normas habla del “estado de necesidad” que, cuando existe, anula la promesa de una prestación exagerada.
En castellano, eso quiere decir que si por ejemplo un marinero le salva la vida a un náufrago luego de que éste, a punto de ahogarse, le prometiera una recompensa desproporcionada a cambio (“te doy mi casa, mi esposa, un millón de dólares, mi perro, pero sácame del agua”), entonces se considera que la promesa fue hecha en “estado de necesidad” y por lo tanto no cuenta.
Este asunto del “estado de necesidad” siempre me resultó simpático por sus aplicaciones a la vida cotidiana. Mi padre cuenta que en su primera juventud (ha tenido decenas de juventudes), cuando invitaba a una novia a la playa y ella, invariablemente, llegaba acompañada por su inquisidora chaperona, solía ofrecerle a esta señora que se fuera a comprarse lo que quisiera en alguna tienda cercana.
–Considérelo un regalo–, le decía, haciéndose el magnate aunque con la esperanza de que la doña fuera discreta en sus apetitos de compra. Pero cuando esta infaltable tía volvía dos horas después con dos bolsas repletas en la mano, mi padre deseaba apelar al “estado de necesidad” para faltar a su promesa. La necesidad, se entiende, era la de pasar un rato a solas con la chica.
Los creyentes que prometen a Dios recorrer de rodillas 40 km si su ser querido se salva de un accidente, bien podrían apelar al derecho romano ante el Señor para ahorrarse la autoflagelación. El almacenero que garantiza que su jamón es el mejor, el desempleado que ofrece trabajar el doble para que le den el puesto, el candidato que promete erradicar la pobreza en tres años, la maestra que pide silencio a cambio de un punto en las calificaciones, todos ellos actúan bajo el mismo impulso del náufrago, pródigo en promesas condicionadas, y no se vale.
No se puede creer en la palabra de alguien necesitado, acorralado, arruinado o excitado. Las únicas promesas que cuentan son las que no hace falta hacer. Y, si no hace falta hacerlas, entonces para qué hacerlas. Toda promesa guarda en su seno su futuro incumplimiento, así como el poder aloja el germen de la corrupción y el matrimonio, el del adulterio. Grandes los romanos.









